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La Sierra de Guadarrama siempre ha sido un espacio muy visitado. No es nada nuevo, muchos hemos conocido la Sierra de Guadarrama masificada. Veranos con senderos llenos, inviernos con puertos concurridos y fines de semana donde había que madrugar para encontrar aparcamiento han existido desde hace décadas. Pero lo que está ocurriendo en los últimos años, especialmente en invierno, ya no puede considerarse normal ni asumible.
La combinación de una altísima densidad de población en su entorno inmediato —Madrid capital y su área metropolitana— junto con una gestión del uso público claramente desbordada ha convertido amplias zonas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en un espacio saturado, degradado y, en muchos casos, peligroso.
Un problema que no es nuevo, pero que ha explotado
La cercanía a Madrid siempre ha supuesto una presión enorme. Millones de personas viven a menos de una hora de la sierra, lo que convierte cualquier episodio de buen tiempo o de nieve en un efecto llamada inmediato. Durante años, esa presión fue más o menos asumible, con picos claros en verano y en invierno.
Sin embargo, muchos de los que llevamos tiempo subiendo a la sierra coincidimos en una idea: el punto de inflexión llegó con la declaración del Parque Nacional. Lejos de venir acompañada de una planificación realista del uso público, la etiqueta de “Parque Nacional” actuó como un reclamo masivo. De repente, visitar Guadarrama pasó a ser un objetivo en sí mismo, independientemente de cómo, cuándo o con qué medios.
El mensaje implícito fue claro: hay que ir. Da igual no saber dónde se está, no conocer el terreno o no llevar el equipo mínimo. Lo importante es “estar allí” y hacerse la fotito de rigor.
- Diseño elegante
- Hecho de material de calidad que es...
- Producto útil y práctico
- Ruiz, Francisco (Author)
El efecto Parque Nacional: más protección… y mucha más gente
Sobre el papel, un Parque Nacional debería implicar conservación, límites y control. En la práctica, en Guadarrama ha ocurrido quizás no lo contrario, pero sí cosas que complican todo: más visitantes que nunca y menos capacidad de gestión real.
No se ha reforzado la educación ambiental y no se adaptaron infraestructuras ni transporte a la nueva realidad. El resultado es un espacio natural de alta montaña tratado, en muchos momentos, como si fuera un parque urbano de las afueras de una gran ciudad.
Este desajuste es especialmente visible en invierno donde se ve a todas luces la Sierra de Guadarrama masificada.
El invierno: la nieve como detonante del colapso
La nieve se ha convertido en el gran detonante del caos. En cuanto nieva, sube una cantidad desproporcionada de personas, superando las capacidades de accesos, aparcamientos y entorno, personas que no van a la montaña, sino simplemente a “ver la nieve”.
La escena se repite cada fin de semana invernal:
- Coches aparcados sin criterio, en cualquier sitio con el consiguiente peligro y falta de civismo.
- Coches haciendo ruedas en la nieve al lado de otros vehículos y personas con el riesgo que entraña.
- Personas que permanecen en sus coches bebiendo, apenas bajan del vehículo, solo para hacer una foto al lado de la nieve y luego quedan dentro viendo el móvil publicando en redes su foto de nieve.
- Enormes cantidades de basura de la gente insensible que deja todo tirado.
- Botellones nocturnos, haciendo ruedas, molestando al entorno y otros usuarios que puedan estar tranquilamente allí dejando los aparcamientos llenos de basura. (Pero por favor no prohibamos, regulemos que ya se ve venir, prohibimos estar allí para todos, NO, esa no es la idea)
- Personas andando por la carretera, cruzando sin cuidado mientras los vehículos circulan en precarias condiciones por el estado de la carretera.
En más de una ocasión he visto cómo zonas enteras quedaban llenas de latas, botellas, envoltorios y restos de comida, como si aquello fuera un basurero, o área recreativa con papeleras llenas sin ningún valor natural. No es una exageración decir que, algunos días, el paisaje recuerda más a un polígono comercial que a un espacio protegido de alta montaña.
A esto se suma el uso completamente inadecuado del entorno por parte de personas sin ningún tipo de preparación: familias con niños, grupos improvisados, visitantes que jamás han pisado nieve y que no son conscientes de dónde están ni de los riesgos reales que conlleva adentrarse en un entorno de montaña invernal.
Riesgos reales: cuando la imprudencia pone vidas en peligro
Aquí el problema deja de ser solo ambiental y pasa a ser un problema serio de seguridad.
En los últimos inviernos se han normalizado escenas que deberían ser excepcionales y de las que somos testigos:
- Personas subiendo por entorno de alta montaña como Peñalara en zapatillas en los que no valoran y prevén que se encontraran.
- Gente subiendo con ropa de calle y como mochila una bolsa de plástico, subiendo con bebidas alcohólicas para calentarse durante su recorrido.
- Visitantes perdidos preguntando cómo llegar a refugios que no conocen.
- Individuos metiéndose en canales de alpinismo sin saber siquiera qué es una canal, en pantalones vaqueros y zapatillas.
- Sin equipación personal, sin previsión de que y como hacer, sin criterio, con total ingenuidad del entorno donde se encuentran, ya que no es un lugar donde ha caído una nevada puntual, es alta montaña con sus condiciones y riesgos.
Personalmente, me he encontrado más de una vez con situaciones surrealistas: estar preparando una actividad de nieve y hielo, perfectamente equipado, y ver aparecer a alguien en zapatillas intentando subir por el mismo corredor, hasta que el miedo o el sentido común —cuando llega— le hace darse la vuelta. En ese momento no solo pone en peligro su vida, sino la de cualquiera que esté en la zona y la de los equipos de rescate que, tarde o temprano, tendrán que intervenir.
Los rescates se multiplican cada fin de semana. Rescates evitables, provocados por la falta absoluta de previsión, criterio, formación y respeto por el medio en el que nos movemos, todos estamos expuestos a un accidente, pero no en estas situaciones en las que estamos describiendo irresponsabilidades. Y esos rescates los pagamos todos.
Transporte público y accesos: una planificación que no funciona
El transporte público, lejos de ser una solución, se ha convertido en otro foco de problemas. Especialmente grave es lo que ocurre en puntos como el Puerto de Cotos, generalmente los fines de semana.
Autobuses que suben desde Madrid con personas vestidas para un día urbano, que llegan a una cota de alta montaña, con frío, nieve y viento, y que a los pocos minutos de estar jugando por la nieve, paseando, mojándose, se dan cuenta de que no hay refugio, no hay alternativas y no saben qué hacer cuando las condiciones empeoran o se cancelan servicios por avisos meteorológicos, el resultado es un caos: colas enormes, gente mojada, tiritando, sin medios y sin opciones de vuelta.
Ha habido episodios en los que los servicios de emergencia han tenido que intervenir para asistir a personas que simplemente esperaban un autobús, en estado de hipotermia, sufriendo y poniendo en juego su salud, en un entorno para el que no estaban preparadas.
Estaciones de esquí y turismo: otro factor de presión
A todo lo anterior se suma la existencia de dos estaciones de esquí alpino, Navacerrada y Valdesquí. Su actividad es legítima, pero su peso en el conjunto del problema es innegable, generando excesos de uso temporal.
Esquiadores, visitantes ocasionales, curiosos que solo quieren ver la nieve y montañeros coinciden en los mismos accesos, carreteras y aparcamientos. El resultado es una convivencia imposible, donde quien realmente práctica montaña se ve obligado a madrugar cada vez más o directamente a renunciar a su actividad deportiva.
Montañeros y usuarios históricos: expulsión silenciosa
Uno de los aspectos más injustos de esta situación es la criminalización indirecta del colectivo montañero. Quienes llevamos años —o décadas— formándonos, equipándonos y respetando este entorno somos, paradójicamente, quienes más dificultades tenemos ahora para disfrutarlo.
La masificación hace casi imposible practicar alpinismo, esquí de montaña o rutas invernales con seguridad y tranquilidad. Y, sin embargo, cuando hay problemas, el discurso público tiende a meter a todos en el mismo saco, como si quienes suben preparados fueran los responsables del caos.
No lo son.
Todos tenemos espacio para estar y disfrutar de estos lugares, pero las bases de toda esta situación que pretendemos obtener las tenemos que lograr entre todos.
Otro debate podria ser tambien las nuevas generaciones de montañeros que sin experiencia previa llegan a la montaña desde quizás un gimnasio o un rocódromo indoor, pensando que la fuerza, el equilibrio y todas sus capacidades físicas, son lo que necesitan para explorar al máximo sus capacidades en lugares alpinos, pero nada más lejos de la realizada, la cultura del montañero lleva su lento proceso de aprendizaje, respeto, y lucha personal, contra elementos que son más duros y exigentes que un paso de bloque en el mejor de los rocodromos.
Vertiente madrileña y vertiente segoviana: dos realidades distintas
La presión no es la misma en toda la sierra. La vertiente madrileña soporta una carga muchísimo mayor que la segoviana, y eso tiene consecuencias directas para los habitantes de la parte Madrileña y sus municipios aledaños donde los momentos de más carga y presión originan el desorden, el caos, la masificación de servicios, más basuras, molestias al vecindario, invasión de propiedades privadas y un largo etc, originando malestar en los habitantes de la zona.
Pero no menos problemático es el caso de Segovia, donde todo esto se origina también, sufriendo consecuencias injustificadas, como son los cortes de tráfico incomunicando provincias, limitando el libre tránsito de trabajadores y personas que no deberían ser afectados, imposibilidad de acceder a zonas que históricamente han utilizado y una sensación creciente de desposesión de un territorio que también es suyo. A esto se suma una apropiación simbólica que no ayuda: hablar de “La Sierra de Madrid” invisibiliza una realidad geográfica y cultural mucho más amplia, el desconocimiento por parte de los nuevos habitantes de la comunidad de Madrid degrada la cultura popular, aportando desde los propios medios de comunicación datos incorrectos.
Impacto ambiental y social: la degradación silenciosa
Más allá de las imágenes puntuales de basura, el impacto más grave es el que no se ve de inmediato:
- Erosión.
- Pisoteo continuo ante situaciones de desbordamiento de personas.
- Degradación del suelo.
- Presión sobre la fauna.
- Pérdida de calidad del entorno.
- Se generan prohibiciones para el entorno y los habitantes de los pueblos a consecuencia de los excesos ocasionados por los visitantes ocasionales de verano o invierno que no respetan, van hacen y olvidan, si buscan el aire fresco, da igual lo que haya que hacer para tenerlo, si buscan nieve da igual donde o como tenga que hacer para llegar a ella, hago y me voy el que viva allí, sufra mi presencia o las prohibiciones o limitaciones posteriores poco me importa.
- Los habitantes que llevan años viviendo en estos lugares, han cuidado, protegido y convivido con estos lugares, que ahora se pretenden proteger a la vez que ensalzar, son las principales víctimas de esta saturación, recibiendo limitaciones de uso, limitaciones de acceso, limitaciones de libre circulación por sus lugares de vida.
Un Parque Nacional no puede gestionarse como si fuera un parque temático. Y hoy, en muchos momentos, Guadarrama está peligrosamente cerca de parecerlo. No queremos con esto criticar a los gestores directamente, dios nos libre, trabajar y hacerlo bien sabemos que es difícil, complicado, en ocasiones aun queriendo no te dejan o se puede, pero alguien tiene que decir, hacer o tener responsabilidades en esto, y quién sino que el organismo a cargo de la gestión. Si no son estos interlocutores, cuénteme a quien dirigirnos o a quien poner en primera fila de todo esto, después de ponernos los primeros sin duda los usuarios, los visitantes, todos esos que vamos y que no todos saben donde van o cómo comportarse.
- Ángel Sánchez Crespo (Author)
¿Tiene solución la masificación de la Sierra de Guadarrama?
No hay soluciones fáciles, pero sí hay caminos posibles. Y todos pasan por asumir que el problema existe y que no se arregla mirando hacia otro lado.
Hoy aquí en este artículo hemos incidimos más en la situación respecto a las nevadas, la nieve en la sierra, pero el tema no es menor cuando lo trasladamos al verano, zonas como La Pedriza de Manzanares, La Barranca, Cercedilla, Rascafría y otros tantos lugares que sufren mucho la afluencia de personas, personas que quieren disfrutar de algo, pero que olvidan otras tantas cosas antes de disfrutar ellos de lo suyo por encima de lo demás.
Hace falta un debate social real, donde se sienten todos los colectivos implicados:
- Administraciones locales, autonómicos y nacionales.
- Gestores del parque, protección civil, agrupaciones de tráfico de la guardia civil, equipos de rescate de las distintas administraciones.
- Negocios de todo índole, estaciones de esquí, empresas de actividades en la naturaleza, guías de montaña, etc.
- Población local los pueblos son los que saben como se ha vivido y vive, no pueden dictar las normas desde un despacho a cientos de kilómetros de sus localidades.
- Federaciones deportivas, usuarios históricos de la montaña, empresas que organizan pruebas deportivas, asociaciones deportivas.
Limitar no es prohibir. Ordenar el uso público no es elitista. Educar no es excluir. La alternativa es seguir degradando un espacio único hasta que ya no quede nada que proteger.
Conclusión: recuperar el equilibrio antes de que sea irreversible
La Sierra de Guadarrama no necesita más campañas de promoción. Necesita gestión, educación, límites y respeto. Necesita que se entienda que no todo vale, que no se puede acceder a las zonas de cualquier manera y que la montaña no es un decorado para consumir y abandonar.
Quizá, como algunos piensan, cuando la nieve deje de ser una novedad muchos dejarán de subir a beber latas o fumar y dejar tiradas las colillas y las latas. Pero esperar a que el problema se resuelva solo es, hoy por hoy, una irresponsabilidad.
Visibilizar esta situación no es ir contra nadie. Es intentar salvar un equilibrio que todavía es posible, pero que se está rompiendo a gran velocidad. Disfrutemos de este maravilloso espacio, vivamos en armonía, con respeto y civilizadamente, la teoría no parece difícil.
¿qué opinión te merece todo esto?
📊 Informe de Seguimiento del Uso Público del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (Resumen)
El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama realiza desde 2019 un seguimiento sistemático del uso público como herramienta fundamental para equilibrar la conservación del entorno natural con el disfrute de los visitantes.
📌 Objetivos del seguimiento:
- Cuantificar la afluencia y distribución de visitantes en diferentes zonas del parque.
- Apoyar la toma de decisiones con datos objetivos.
- Analizar tendencias y anticipar escenarios de saturación o degradación.
- Mejorar la experiencia del visitante y fomentar la responsabilidad ambiental.
- Evaluar la eficacia de medidas de gestión, como regulaciones de acceso o campañas de sensibilización.
📊 Cómo se recoge la información:
- Redes de aforadores automáticos que cuentan visitantes en accesos y senderos.
- Datos de compañías telefónicas para estimaciones más realistas.
- Encuestas en centros de visitantes que permiten conocer perfiles, motivaciones y niveles de satisfacción.
📈 Resultados clave del año 2024:
- Hubo 1.613.200 visitantes contabilizados por los sistemas automáticos.
- Con estimaciones basadas en datos de telefonía, el número total de visitas se sitúa en 2.404.566, prácticamente dividido entre vertiente madrileña y segoviana.
- La asistencia en los centros de interpretación alcanzó 65.777 personas, ligeramente menos que en 2023.
- Se realizaron cientos de actividades organizadas, con más de 20.000 participantes, reflejando un interés creciente en programas guiados.
- Las quejas más frecuentes de los visitantes —además de señalización insuficiente— son la masificación, los aparcamientos y la presencia de basura en ciertas épocas y zonas.
📍 El informe también destaca que la afluencia de visitantes está fuertemente ligada a las condiciones meteorológicas, con picos en fines de semana y festivos.
FUENTE: INFORME COMPLETO: Seguimiento y control de las actividades de Uso Público Datos del propio parque nacional sobre visitantes y otros números.
- ÁLVAREZ RUIZ, ALBERTO (Author)

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